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Palacio de la Música Catalana

El Palacio de la Música Catalana es un auditorio de música ubicado en la ciudad de Barcelona. Está situado en la calle Sant Pere més Alt, en el barrio de la Ribera.

Fue construido entre los años 1905 y 1908. El Orfeo Catalán encarga la construcción al arquitecto modernista catalán Luis Doménech y adquiere el claustro del convento de San Francisco para llevar a cabo el edificio. Una vez inaugurado, el 9 de febrero de 1908, el auditorio fue destinado a conciertos de música orquestal e instrumental, así como a interpretaciones corales y a recitales de cantantes. Fue declarado monumento nacional en 1971, motivo por el cual se realizaron varias reformas. En 1983 se constituyó el Consorcio del Palacio de la Música Catalana y se lleva a cabo una de las mayores remodelaciones que duran siete años. En 1990 se formó la Fundación Orfeó Català-Palau de la Música Catalana para los actos del centenario del Orfeón.

Exterior del Palacio de la Música

Del diseño del palacio resalta la estructura de hierro que Doménech proyectó. La planta libre está cerrada por vidrio y el patio con medianera solar con la iglesia permite que la sala de conciertos tenga la misma distribución y entrada de luz. El auditorio está ubicado en el primer piso con el acceso desde planta baja por los diferentes tramos de la escalera para que la planta baja se puedan poner las oficinas del orfeón. Las esculturas en el exterior hacen referencia a elementos musicales. La decoración interior está hecha con trecandís, típico del modernismo catalán. La parte de atrás del escenario está decorada con tubos de organo, la embocadura con ilustraciones escultórica que hacen referencia a la música culta y a la música popular. El busto de Ludwig van Beethoven se encuentra sobre unas columnas dóricas. En la restauración que se inició en el año 1982 se añadió al palacio un edificio de seis pisos. Se abrió una plaza luego de que se demolió la iglesia de San Francisco.

La sala de conciertos del palacio presenta una excelente acústica, razón por la cuál numerosos artistas de gran renombre han actuado en sus instalaciones y se han enamorado de ellas. En 1997 la UNESCO declaró al edificio patrimonio de la humanidad.